Instalación pictórica que investiga la desmaterialización de la pintura a través de superficies translúcidas activadas por la luz natural. La obra construye un campo perceptivo variable donde la imagen se transforma según el tiempo, la intensidad lumínica y la posición del espectador.
CONCEPTO Y DISPOSITIVO
Glaciar Latente es una instalación pictórica que investiga la pintura como una materia en crecimiento, atravesada por la luz y sometida a un estado de presión constante. La obra no representa un glaciar ni su derretimiento. Propone la experiencia de su interior: un espacio donde el hielo no es estático, sino que se desplaza, se deforma y vibra en un proceso continuo de transformación.
Los paños de pintura se suspenden desde el cielorraso mediante un sistema de líneas curvas que construyen una espacialidad envolvente. Cada paño, trabajado a escala corporal, funciona como una unidad de materia que, al articularse con otras, conforma un sistema mayor. La pintura deja de ser superficie para convertirse en un entorno.
La luz natural atraviesa estas membranas y activa la obra, generando variaciones constantes en la percepción. El espectador se introduce en una estructura que evoca una cueva de hielo en crecimiento, donde la pintura se percibe como una masa viva en expansión.
ESCALA, CUERPO Y SISTEMA
La obra se desarrolla a partir de paños de lienzo de aproximadamente 3 x 7 metros, que corresponden al alcance físico del cuerpo en el proceso pictórico. Cada paño funciona como una unidad de trabajo donde la materia se construye a través del gesto, la acumulación y la disolución.
Estas unidades se articulan entre sí, generando superficies de mayor escala que se expanden en el espacio. La dimensión final no es fija: se define en relación con el montaje, el espacio y la luz.
MONTAJE Y DISPOSITIVO ESPACIAL
La instalación se organiza en relación directa con la luz natural del espacio, considerando su ingreso desde el oeste y su variación a lo largo del día. Los paños se suspenden mediante un sistema de líneas curvas que configuran un recorrido envolvente, remitiendo a la geometría del hielo bajo presión.
El recorrido no es lineal. El espectador atraviesa la obra, percibiendo variaciones constantes en profundidad, transparencia y color a medida que las superficies se pliegan y se desplazan.
MATERIA, LUZ Y DESMATERIALIZACIÓN
La desmaterialización ocurre por la transformación de la materia en un estado inestable. La pintura se trabaja en óleo en capas que alternan entre apertura y densidad. En las zonas superiores, la materia se vuelve porosa y permite el paso de la luz, generando efectos de incandescencia.
En las profundidades, la pintura se densifica en tonos azules que absorben la luz. La relación entre estos estados no es fija; a medida que la luz natural cambia, las capas se activan de manera diferente. La obra no es estática: es un sistema en mutación constante.
PERCEPCIÓN Y EXPERIENCIA
El espectador no observa una imagen estable, sino que se introduce en un campo perceptivo en transformación. El desplazamiento del cuerpo modifica la lectura: las capas se desalinean, la profundidad cambia y la imagen se fragmenta. La obra no se contempla: se atraviesa.
"No es el glaciar que se derrite: es el glaciar que crece."
"Una cueva de hielo en crecimiento."
"La pintura no representa el hielo: se comporta como una materia en transformación."